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Informe tecnología y desigualdad, fundación Bankinter

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El mundo que conocemos está cambiando, y lo hace a una velocidad cada vez mayor. Sociedad, economía y tecnología están íntimamente relacionadas, de ahí la necesidad de hacer una reflexión meditada sobre el rumbo al que nos encaminan las innovaciones del presente. La gran pregunta es: ¿puede la tecnología acabar, o al menos reducir, las desigualdades en el mundo? Y más aún: ¿está la evolución tecnológica reciente dirigiéndonos hacia un mundo más equitativo… o justamente lo contrario?

Con esta interesante propuesta inicial comienza al informe Tecnología y Desigualdad, Por un mundo más justo y próspero de la Fundación Bankinter .

La confección del ensayo ha contado con un encomiable elenco internacional de ponentes y colaboradores del ámbito universitario, industrial, económico, social y político, que desgranan sus visiones del futuro de la tecnología en base a tres consideraciones: El estado de la desigualdad mundial: ¿qué muestra el Índice de Prosperidad?, Reinventar el papel del gobierno respecto al sector privado y a otros actores de la sociedad e Internet es la infraestructura para la movilidad social y una importante fuerza para la igualdad. Desde estas premisas, se derivan otras tres tan atrayentes como La tecnología crea la brecha digital, pero al mismo tiempo es fuente de igualitarismo, La apuesta por la tecnología permite el desarrollo sostenible en un país y Nunca ha sido tan barato prototipar un producto, probar su acogida en el mercado y escalar su éxito.

El debate sobre estas cuestiones nos brindan afirmaciones tan elocuentes como “La tecnología está produciendo desigualdad, pero la tecnología no es el problema”, de Soumitra Dutta, Decano Escuela de Negocio de la Universidad de Cornell, o “Para aumentar la igualdad social, necesitamos gobiernos fuertes, capaces de pensar más allá del horizonte de una legislatura”, de John Lyons Fundador, CEO de International Cyber Security Protection Alliance (ICSPA) o, finalmente, “Tenemos que repensar los planes de estudio, las cualificaciones, los campus, la financiación… La prosperidad del futuro está en manos de unos pocos disruptores”, realizada por Alper Utku Fundador de la European Leadership University.

En virtud de este intercambio entre los expertos, el informe, que se firma bajo la sigas de FTF (Future Trends Forum), efectúa 12 propuestas para combatir la desigualdad en el mundo:

1.Reconocer Internet como un derecho humano. Internet –sin restricciones ni censuras- es la puerta a multitud de servicios básicos. El despliegue de las infraestructuras que lo harían posible se llevaría a cabo, fundamentalmente, a través de alianzas público-privadas.

2. Mentor digital basado en inteligencia artificial. Otra de las propuestas más apoyadas entre los expertos del FTF fue la de desarrollar un sistema de inteligencia artificial capaz de construir asesores digitales que ayuden a los estudiantes –independientemente de su nivel económico- a elegir sus trayectorias académicas, elegir un centro, crear un currículo, etcétera. Puesto que se trata de un sistema virtual, podría aplicarse a la formación de un individuo a lo largo de toda su vida. No en vano, en la Era Digital los ciudadanos necesitarán seguir formándose durante toda su carrera profesional.

3. “Reválida” digital. Hacer pasar a todos los niños de entre 10 y 12 años un test -¿a través de Internet?- para comprobar cuáles son sus principales aptitudes y habilidades, en especial las relacionadas con su personalidad y conocimientos digitales. Esto permitiría a profesores y mentores ajustarse mejor a las necesidades del alumno, y fomentar en él las vocaciones que mejor se ajustan a su talento.

4. Introducir la financiación por “crowdfunding” al entorno educativo, de tal modo que las empresas puedan financiar la matrícula de alumnos sin recursos con gran potencial, a los que habrían identificado previamente gracias al Big Data.

5. Open Data en el terreno de la salud. La información abierta y actualizada, en el campo de la salud y la investigación médica, ha salvado más vidas que muchas de las innovaciones sanitarias y farmacológicas de los últimos años. En el FTF, se propuso que esa información abierta derive también en mayor “innovación abierta”.

6. App móvil de reporte rápido de incidencias en el espacio público. La corrupción y la inseguridad pública son problemas que pueden remitirse a través de tecnologías sencillas como una aplicación móvil de reporte rápido y anónimo. Esta tecnología podría aplicarse también al entorno corporativo, recompensando a los “chivatos” con beneficios fiscales o de otro tipo.

7. Banco digital de propiedad intelectual. Las grandes empresas pueden poner a disposición de PYMES y emprendedores la propiedad intelectual que no utilizan, con el fin de que éstos creen nuevos productos y servicios. A cambio, pueden compartir la propiedad sobre las nuevas creaciones o cobrar una pequeña cuota.

8. Banco digital de capacidades. Se trata de que las grandes compañías integren sus programas de formación interna y los pongan a disposición de pymes, estudiantes y emprendedores, a cambio de una cuota que podría ser subvencionada por los poderes públicos u organizaciones sin ánimo de lucro.

9. Introducción de KPIs (indicadores) específicos sobre la desigualdad en la memoria de responsabilidad social de las empresas, y obligatoriedad legal de contratar a proveedores que rebasen una determinada calificación.

10. Crear una plataforma de economía colaborativa que contribuya a reducir los precios y que dé acceso a bienes de primera necesidad a cambio de una suscripción, que pudiera ser subvencionada por los poderes públicos u organizaciones benéficas.

11. Transformación digital del sector público. Las administraciones públicas necesitan una reestructuración y una computerización dramática, que las adapten al nivel de desarrollo tecnológico de ciudadanos y empresas privadas.

12. Obligatoriedad legal de destinar un porcentaje fijo de los beneficios a acciones destinadas a financiar el despliegue de conectividad en áreas rurales o deprimidas. En el caso de las instituciones académicas, la dotación de su financiación pública podría ajustase en función de su impacto social.

[1] https://www.fundacionbankinter.org/es/web/bankinter/tecnologiaydesigualdad