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Mujeres silenciadas

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El 11 de Febrero Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

La iniciativa 11 de Febrero busca la visibilización de la labor de las científicas para despertar interés entre las más jóvenes por carreras universitarias relacionadas con las ciencias y la tecnología. También tiene como objetivo cerrar la brecha de género en estos ámbitos tanto académica como profesionalmente. Desde diversas teorías sociales feministas  se critica el androcentrismo de la Ciencia y la Tecnología en Occidente cuando en el siglo XXI aún se siguen silenciando voces de mujeres inventoras e investigadoras.

En este artículo explico cuál es uno de los orígenes de este androcentrismo y analizo los posibles motivos por los que en Occidente aún sigue instalado en el colectivo imaginario la imagen de la mujer como opuesta a atributos tales como el razonamiento o la inteligencia. Tendríamos asignados otros rasgos que nos acercarían más a lo emocional y que nos mantendrían apartadas de tareas como la investigación científica o a la invención tecnológica.

Aunque el sociólogo Friedrich Engels (1968) situó el origen de esta subordinación  de la mujer occidental en el Capitalismo, Simone de Beauvoir la situó en una época, desgraciadamente, mucho más lejana: la Antigua Grecia. Esta filósofa francesa, luchadora por la igualdad de los derechos de la mujer, explica en su teoría feminista como el pensamiento occidental es heredero de los valores androcéntricos de esa época de la humanidad, valores que están tan insertados en nuestro imaginario colectivo que somos incapaces de superar. Somos los herederos de los pensadores griegos de la Antigüedad en la forma de entender el mundo. Las mujeres hemos vivido bajo el yugo patriarcal desde hace mucho tiempo (Beauvoir, 1949).

Y esta opresión de la que venimos siendo víctimas desde hace miles de años explicaría el lado oscuro que ocupan mujeres valientes que no se han conformado con lo que se les asignó al nacer, mujeres que han revolucionado el mundo de la Ciencia y la Tecnología pero cuyos nombres no aparecen en los libros de historia ni en los medios de comunicación.  Estos serían solo algunos de estos nombres. Ángela Ruiz Robles, además de maestra, esta española fue una brillante inventora  y precursora del libro electrónico. Erna Scheneider es una matemática e informática estadounidense que trabajó en Bell, empresa en la que patentó un revolucionario sistema de comunicación telefónico, que además de impedir el colapso en las redes telefónicas en momentos de altos picos de tráfico, fue el antecedente de algo que todos conocemos: la posibilidad de poder mandar miles de millones de correos electrónicos al día en el planeta entero. Radia Joy Perlman,  además de ser creadora de software  e ingeniera de redes, es la Madre de Internet.

¿Por qué a pesar de haber presencia, aunque sea escasa, de mujeres en la Ciencia y en la Tecnología no se reconoce públicamente su aportación? Según la teoría desarrollada por Simone de Beauvoir (1949), este silenciamiento, subordinación y opresión estaría relacionado con lo que significa “ser mujer” en Occidente, y ese significado viene dado desde la época de los pensadores y poetas griegos en la Antigüedad. Se construyó socialmente la feminidad para así justificar el dominio del hombre sobre la mujer. A través de la mitología, los griegos inventaron una naturaleza femenina de la cual la mujer no podría escapar.  Presa de unos rasgos fijos que se le asignarían, como la curiosidad, la seducción y el engaño, excluida de la esfera pública  y relegada al ámbito privado y la reproducción. Para el hombre se reservaría el ámbito público, la toma decisiones y el razonamiento. Esta visión del mundo dicotómica, persiste en el pensamiento moderno: hombre/ mujer, razón/emoción, bueno/malo.

En pleno siglo XXI somos incapaces de superar esta manera de entender la realidad, de la que el patriarcado se beneficia. Esto explicaría porque las  mujeres de la Ciencia y la Tecnología no son reconocidas, porque las características de estas mujeres no cumplen con los cánones sobre lo “que es una mujer”, cánones  que heredamos desde la época de los griegos. Ellas no encajan en ese ideal y darles voz y reconocimiento significaría romper con los estereotipos que persisten desde hace miles de años en cuestión de género. También significaría dar un paso más para acabar con el patriarcado y parece que muchos no están dispuestos a perder los privilegios que les brinda. Todas y todos somos cómplices de esta invisibilización y por este motivo todas y todos podemos poner nuestro  granito de arena para que la imagen de lo que significa “ser mujer”, que se viene repitiendo siglo tras siglo, cambie.  El género es una construcción social y no debería haber rasgos fijos que lo definan.

Cuentos versionados por Disney, películas de Hollywood, videos musicales de reggaeton. Son muchos los ejemplos en los que podemos ver la herencia en el pensamiento occidental de un modelo de mujer con características fijas como la seducción, la curiosidad o la debilidad. La seductora Marilyn Monroe, la curiosa Blanca Nieves, las brujas medievales. Todos estos atributos negativos se vienen asignando a la mujer  en Occidente desde la época de la Antigua Grecia. Resulta preocupante que hayan pasado tantos siglos y la mujer sea aún presentada así.

Quizás la lucha feminista consiga que todo esto cambie y empecemos a ser representadas como la creativa Ángela Ruiz Robles, la aplicada Erna Scheneider y la inteligente Radia Joy Perlman. De lo contrario cabe preguntarse ¿es real  el “progreso”  del que tanto presumimos  en Occidente si aún vivimos bajo las mismas normas sociales que crearon los filósofos y  poetas griegos hace 2500 años?

Naomi Mirabel,
Graduada en Antropología Social y Cultural
Asesora Comercial en Telyco, Movistar Centre Barcelona.

Bibliografía

  • Beauvoir, S.(1949). The Second Sex. Editions Gallimard, Paris.
  • Blázquez, L.F. (2017). Mujeres con Ciencia. Recuperado de https://mujeresconciencia.com
  • Engels,F. (1968). Origen de la Familia, de la Propiedad Privada y el Estado. Equipo Editorial DL. San Sebastián.