30 años de liberalización de las telecos: un universario que demanda una importante actualización

El 7 de junio de 1996 se publicaba el Real Decreto-ley de liberalización de las telecomunicaciones[1]. Una norma de cambió de arriba abajo nuestro sector, que impulsó nuestros servicios hasta extremos nunca vistos, pero que hoy se valora desde el apremio de una necesaria reformulación.

Dentro de un ecosistema digital radicalmente diferente al de finales de siglo XX, cuando ni Internet era lo que esa ahora, ni existía una universalización de facto de la alta velocidad móvil y fija, donde lo más parecido a la mensajería instantánea era un críptico SMS, donde cobre y 700 MHz eran las tecnologías de moda y donde la IA era solo ciencia ficción, dentro de este nuevo contexto digital, geopolítico y competitivo en el que vivimos, llamamos a una revisión completa de una norma superada por los acontecimientos.

Las ideas clave que este sindicato lleva señalando desde hace décadas, como empleo digno y de alta cualificación, competencia en infraestructuras, innovación tecnológica, inversión en nuevas capacidades humanas y digitales, brecha territorial, erradicación del lowcost o consolidación sectorial, concitan aun más importancia y querencia. Todas ellas nos piden, casi a gritos, un nuevo modelo de sector, que abandone una regulación que- nunca nos cansaremos de decir- está obsoleta, es claramente ineficiente y profundamente asimétrica – favoreciendo descaradamente a los que no invierten, a los que no crean empleo y a los que se llevan la riqueza fuera de nuestras fronteras-.

Sirva por tanto este aniversario para reconocer todo lo bueno que conllevó dicho proceso de liberalización, pero tambien para insistir en la parte negativa de su legado: en 1996 el sector de las telecomunicaciones generaba casi 100.000 empleos; hoy, el empleo de las grandes operadoras que compiten en nuestro país apenas supera los 30.000. Una cantidad inmensa de talento, de la máxima profesional y calificación tecnológica, se ha perdido por el camino, a causa de la regulación miope e irresponsable. Ha llegado el momento de revertir este error, este inmenso error.